jueves, 11 de mayo de 2017

La cuenta regresiva

por Marcelo Calvente


Lanús obtuvo una difícil y trabajosa victoria en Paraná. Sin equivalencias entre ambos planteles, la visita las tenía todas en contra: el cansancio acumulado, la ausencia de varios jugadores claves, el complicado programa de partidos que se le viene y la necesidad de vencer sí o sí a Chapecoense para alcanzar con alguna tranquilidad el pase a octavos, y enfocar la mira en las fechas finales tratando de sumar todos los puntos posibles y entrar a alguna de las dos copas de 2018. La Libertadores 2017 continuará en julio, después del receso, y por entonces, y apertura del libro de pases mediante, las cosas pueden ser muy distintas, con profundos cambios en la mayoría de los planteles.
Hay muchas maneras de ganar: desde muy claramente y por goleada a inmerecidamente y de suerte, median un sinnúmero de variantes. Y lo mismo a la hora de perder. Se puede caer jugando muy mal, tanto como jugando muy bien. Lanús no mereció perder con Colón de Santa Fe, pero perdió, tanto como sí debió ganarle a San Martín de San Juan, y terminó en empate. Más allá de circunstancias casuales, de la mayor o menor fortuna, el tema siempre es la confianza. Muchas cosas se están empezando a definir: título, copas, permanencia, y hay equipos que, como Lanús, deberán afrontar dos partidos internacionales en el medio. Haber mantenido en Paraná la marcha victoriosa iniciada ante Vélez terminó de conformar un fin de
semana perfecto: Lanús superó a tres rivales, Gimnasia, Central y Talleres -los tres perdieron- y se metió en el anteúltimo asiento del vuelo a la clasificación internacional 2018. Pero nada está dicho, todavía faltan 7 partidos, es larga la lista de espera y habrá muchos interesados en despojarlo de ese privilegio.
Por encima tiene a cuatro de sus próximos rivales, a quienes podrá descontarles puntos mano a mano: Banfield, a quien enfrenta el sábado; Estudiantes, al que recibirá por a 27ª, Newell´s e Independiente, a quienes visitará después, cuando ya no tenga que jugar cada tres o cuatro días. Lo curioso es que los tres adversarios restantes están comprometidos en la lucha por la permanencia: Atlético Rafaela, Arsenal y Huracán. Mucho tendrá que ver el ánimo y la voluntad que tengan para salvarse. Hay clubes ordenados, que trabajan bien en la formación de juveniles, cuyos futbolistas están comprometidos sinceramente con los colores y el futuro institucional, y otros más problemáticos, conformados por rejunte de jugadores libres que sólo piensan en emigrar. No suelen oponer la misma resistencia.
La visita al clásico rival es una nueva oportunidad de seguir achicando la diferencia en el historial, y a la vez, en caso de obtener otra victoria, el influjo de aliento y convicción que seguramente Lanús va a necesitar de aquí a julio, con dos objetivos por lograr: avanzar en la Copa Libertadores 2017, y clasificar a la edición 2018, o en su defecto, obtener un lugar en la Copa Sudamericana del mismo año.
El efecto visual de encontrar al Grana entre los que clasificarían puede confundir: parece impensado que pueda resignar su sitio ante rivales menores, que no están en su mejor momento; pero hay que observar que el torneo local es su única preocupación, mientras Lanús se debatirá en la doble competencia. Esa ventaja es lo que los hace complicados de superar. Si el ánimo y la imagen general del equipo de Almirón fuera la de la derrota sufrida en Córdoba, el panorama sería preocupante. Pero todo cambió para bien ante Vélez, y la misma determinación, mas allá de las ausencias, el cansancio y la cancha, se observó en Paraná.
Lo que viene será difícil, la cruel seguidilla de partidos ante equipos más enteros será el obstáculo principal a sortear. Si logra seguir siendo el mismo Lanús que no se da por vencido, el que se agranda en la adversidad, el que fue capaz de ganar tres títulos al hilo en 2016 ante los rivales más encumbrados, si mantiene viva esa mística y logra volver a ganar el clásico, no hay sueños imposibles.