jueves, 11 de octubre de 2018

Separemos a la Iglesia del estado, expulsándola de los sindicatos

por Lisandro Martínez*

El incidente donde la izquierda sin vergüenza incluyó en acta a la Pastoral Social en la mesa de negociaciones del Astillero Río Santiago, confirma la completa desorientación de estas organizaciones, que por simbiosis con la burocracia sindical apoyan el arbitraje papal en las luchas obreras, algo inaudito si de lo que se trata es de mantener la independencia obrera y no de establecer un oportunismo a la carta.
   En un volante el PTS reconoce haber aceptado la mediación eclesiástica "porque aceptamos todo el apoyo y escuchamos todas las voces que nos permitan fortalecer nuestro reclamo" (Prensa Obrera 1/10/2018). Luego infantilmente, dice que “la Iglesia no debe ser parte de la mesa de negociación”.
  Los sectores clericales son enemigos jurados de la clase obrera y de la mujer y están metidos en el barro hasta la nariz: Arrastran la cruz de la quiebra delictiva del Banco Ambrosiano, sostienen un plan de salvataje de la pedofilia generalizada entre la jerarquía, niegan la posibilidad de que los abortos sean legales y en hospitales, y están en los cuadernos de Centeno vía José López, depositante en el monasterio de Luján (hoy en franca destrucción de prueba y desmantelamiento), desde donde se giraba el efectivo de la cartelización de la obra pública para ser blanqueado por el Papa Francisco.
   “La Pastoral Social” será -por obra del Acta de compromiso del Astillero- la interlocutora de Vidal y llevará y traerá acuerdos “responsables” que permitan el desguace de esa empresa estatal modelo de Latinoamérica. La Iglesia, con el aval de la burocracia y ahora de la izquierda, tiene un rol preponderante en los conflictos gremiales y sociales donde actuará
como bombero contra el levantamiento obrero en ciernes.
   Esta historia de los mediadores se repite en cada periodo cuando los trabajadores comienzan a buscar su propio destino.
  A mitad del siglo XIX Karl Marx alertó en el Manifiesto Comunista que fuerzas de la vieja y conservadora Europa -el Papa y el Zar, juntos a los elementos más reaccionarios-, estaban comprometidos en una campaña para perseguir y denunciar “un fantasma” que las patronales habían corporizado en base a una explotación inmisericorde de la masa de laburantes. De allí que a las rebeliones sociales y otros episodios producidos por la unión y organización de los agraviados les colgaban el sambenito de “comunistas”.
   Pío IX antes y después había condenado tanto al socialismo y al comunismo como al liberalismo económico, por ser contrarios a la moral cristiana, en las encíclicas Qui pluribus 1840 y Quanta cura 1864.
  En 1891 el papa León XIII promulgó la encíclica Rerum novarum con el objetivo de poner bajo el látigo de la religión a la clase obrera más levantisca, tratando de impedir la constitución de organismos independientes de las patronales y sus partidos. En la Argentina de los años 1930’ los religiosos dentro del mundo obrero abogaban por un orden social corporativo (fascismo criollo) donde lo católico estuviera asociado a “la argentinidad”. El integralismo se diferenciaba de otras vertientes católicas en que, aun con fuertes discrepancias con podía convivir con los liberales, no así con socialistas y comunistas.
   En Argentina la Iglesia se preparó para derrotar las luchas obreras y en 1884 convocó el Primer Congreso de Católicos argentinos y entre 1898 a 1930 hizo ocho congresos de los Círculos de Obreros católicos. En este “catolicismo social” se registraron dos tendencias: la caritativa asistencial y la propiamente social. Esta última línea buscaba una solución superando la caridad.
   La Juventud Obrera (JCO) y los sectores católicos, acompañaron el golpe de junio de 1943. Antes y durante el peronismo las JOC batallaron e incluso lograron varias prebendas de parte de Perón, entre ellas la educación religiosa en la escuela pública y el disciplinamiento de la causa obrera desde que JDP, se instaló en la Secretaria de Trabajo -luego ministerio- allí fue a una limpieza de elementos combativos y de izquierda. Las vertientes del socialcristianismo dentro del peronismo le dieron al PJ en ciernes una particular visión de la “lucha de clases” que llevó a desacreditarla y a reprimirla con violencia, llegando en el tercer gobierno a la creación de grupos parapoliciales (1973/1976).
  La exclusión de la izquierda de los sindicatos y la intervención de las dos CGT en los ‘40 fue elogiada por la curia, mientras la JOC desde su periódico Juventud Obrera aplaudía la eliminación de “elementos con ideologías nocivas al ser nacional”, saludando la reorganización sindical que incluía la proscripción de agrupaciones “cuyas actividades son contrarias a la Constitución y leyes vigentes y atentaban contra la seguridad de la Nación”. Por lo tanto no es novedad la dependencia ideológica de todo el elenco de la burocracia sindical de los últimos 75 años.
  El feroz ataque contra las condiciones de vida ha tenido en Argentina varios y destacados hitos sangrientos que siempre fueron coprotagonizados por la iglesia –la mayor propietaria de inmuebles y tierras del país, la gran subvencionada que asistió como cómplice activa a interrogatorios, torturas y desapariciones durante la dictadura genocida.
   El 5/10 el arzobispo Víctor M. Fernández, convocó a dirigentes gremiales a una misa “Por la paz social” en la Catedral de la Plata. Estuvieron Roberto Baradel (Suteba), Emilio Pérsico (Movimiento Evita), Francisco Banegas, (ATE Ensenada), Julio Castro (SOSBA), Miguel Zubieta (Salud Pública), Carlos Quintana (UPCN), Cristian Vander (Telefónicos) y Leandro Ciriaco (Juventud CGT), más dirigentes de AERI, AOT, APOC, ASIMRA, ATRAC (telégrafos), ATULP, Camioneros, Trabajadores de la Carne, Choferes del Estado, Curtidores, Farmacia, Ferroviarios, FOESIT (Carteros), Fraternidad, Gráficos Platense, Hipódromo, Horticultores, La Bancaria, UOLRA (Ladrilleros), Luz y Fuerza, Municipales Ensenada, Personal Jerárquico Correo Argentino, Prensa, SECASPI, SADOP, SATTSAID, SETYA (Jerárquicos Textil), SMATA, SOIVA, SOSBA, SUETRA, SUPA, SUPEH, UOM, UTA, UTHGRA, STGAS, UTEDyC, Barrios de Pie, CCC, CTEP, ATE PBA y CTA-A, ATE nacional, CTA-A La Plata-Ensenada, UPCN, Salud Pública y ATSA, entre otros (www.infocielo.com.ar 8/10/18).
   La campaña para separar a la Iglesia del estado argentino no puede desligarse del compromiso de organizar dentro del movimiento obrero un frente único de los trabajadores para erradicar de los sindicatos a la patronal con sotanas. Este puente es necesario transitarlo en el camino de la liberación de nuestras compañeras trabajadoras para que conquisten el derecho al aborto legal, seguro y gratuito en el hospital público y todas las reivindicaciones postergadas.
   (*) Del Partido Obrero