Páginas

lunes, 28 de octubre de 2013

El fútbol espectáculo

por Marcelo Calvente

marcelocalvente@gmail.com

   Lo que se juega en la Argentina no es fútbol, o mejor dicho, al menos no simplemente fútbol. Porque si de excelencia técnica se trata, el mejor fútbol se juega en otro continente. Por ejemplo en el derby español, ahí sí que están los mejores: Messi, Neymar, Iniesta,  entre otros cracks para el Barça; Cristiano Ronaldo, Di María, Marcelo, los más destacados que puso en cancha el Real Madrid. En el Derby español juegan también las tácticas y todo es bastante previsible. El local iba a salir a tocar y tocar hasta encontrar el gol con los dos de arriba, en tanto el Real iba a aplicarse más a la marca, a tratar de presionar sobre la posesión del balón rival y los posibles receptores lo más arriba posible, tratando de recuperar y abastecer al portugués, su carta más fuerte en ofensiva. Ganó el Barcelona, a veces se da al revés. En este tipo de partidos se puede observar en que punto está y hacia donde va el fútbol mundial. Pero la cosa siempre es entre ellos dos, por fuera del clásico las emociones suelen ser pocas en el fútbol español, donde cada quien sabe de antemano por lo que juega. Así es el fútbol europeo en general, los grandes de cada país marcan claras diferencias salvo rarísimas excepciones. En Italia hay que remontarse al año 2001 para encontrar un campeón –la Roma- que rompa la hegemonía de los tres grandes: Inter, Milan y Juventus
   Sin embargo, los mejores futbolistas siempre crecieron y crecerán en la Argentina. El éxodo prematuro y permanente pone en aprietos a los clubes, sus altos presupuestos le exigen vender a los mejores, para lo cual hay que saber y poder formarlos. Los mejores son de paso efímero por nuestro fútbol, como Di María e Higuaín y Lionel Messi, que ni siquiera llegó a
jugar en la primera de Newell‘s, su formador infantil. El fútbol argentino está en crisis permanente y uno se pregunta: ¿Porqué no se puede parar tanta violencia, porqué no se puede ordenar a los clubes, cómo puede ser que los más populares, los que deberían ser los más prósperos, son los que pasan mayores aprietos, si con orden, planificación formativa y austeridad, clubes como Lanús y Vélez se encuentran un escalón arriba? 
  El fútbol argentino es un verdadero despelote pero los campeonatos son muy parejos y atractivos, con equipos que se arman a los apurones y sin un mango,  y otros que tienen, gastan y proyectan, a la hora de rodar el balón están todos al mismo nivel. Nadie tiene un partido ganado antes de jugarlo, nadie sostiene con firmeza el paso de puntero porque suele tropezar ante el rival menos pensado, los equipos tienen rachas cortas y pasan de una goleada en contra a una gran victoria a favor entre una y otra fecha. En síntesis -y esto mucho se ha dicho- en la Argentina  cualquiera le gana a cualquiera y eso pasa cada vez más seguido y se observa con mayor elocuencia por la aparición de la TV y su explosión de fanatismo y masividad que cuantitativamente han cambiado el escenario para siempre. El fútbol argentino vive y brilla en el dramatismo de la crisis general en la que se desarrolla, en un país en el que cada tanto, como si tal cosa, un tren detiene su marcha contra una estación. Un país atado con alambre que vaya uno a saber cuándo se podrá reconstruir con solidez y equilibrio
   Cada jornada es una caja de sorpresas que entrega un sinnúmero de curiosidades. En la última, que aún está en juego, la nota de color estuvo en Sarandí donde coronando un intenso partido, todos los jugadores de Arsenal y Gimnasia de La Plata se trenzaron a trompada limpia. Concretaban lo amagado en Lanús – River por la 9º fecha, que se agravó la semana pasada, en la 12ª jornada, cuando el técnico de Quilmes, Nelson Vivas, fue directo del campo a la platea a golpear a un aficionado, en tanto al finalizar Godoy Cruz – Boca los futbolistas se agredieron, con un saldo de cuatro jugadores informados -dos por bando- que, según se anunció, recibirán una sanción moderada porque la AFA interpreta que el causante del caos fue el árbitro por ella designado. En cambio en el Viaducto la cosa fue más grave. Hubo muchos particulares en el terreno en el momento de los hechos, e incluso se observa claramente a un auxiliar de Arsenal pegarle dos trompadas en el rostro a Iván Borghello, delantero visitante, antes de caer derribado por un cross de Monetti, quien a su vez a continuación es rodeado por varios futbolistas y afines de Arsenal que lo fajan de lo lindo. Insólitamente el árbitro expulsó a tres jugadores visitantes y dos del local, pese a que fueron éstos los que iniciaron las agresiones por el problema de siempre: El mal interpretado juego limpio y sus turbios códigos no escritos. 
  El fútbol nació amateur y durante décadas su espíritu fue la lealtad y la caballerosidad deportiva. En el Río de la Plata, desde los treinta en adelante, el profesionalismo se fue imponiendo y con él la trampa, la corrupción y las injusticias. Sin embargo desde hace unos años se viene reiterando una rara secuencia: Los jugadores de un equipo exigen de sus rivales un gesto solidario en situaciones que el reglamento atribuye a la decisión arbitral. Dicho de otro modo: cuando un jugador cae, sus compañeros conminan al rival a arrojar el balón afuera para su atención, algo que debería decidir el árbitro. Son los mismos jugadores quienes a partir de este código no escrito suelen fingir lesiones para ganar tiempo cuando el resultado los favorece. Por eso mismo todos sospechan de todos y nadie se pone de acuerdo. Para poner fin a la súbita violencia de adentro, los protagonistas de estos incidentes deberían ser sancionados con dureza, porque es sabido, la ley con sangre entra. Pero es muy difícil que así sea. Arsenal, debería ser sufrir castigo, claro, si el fútbol argentino fuera serio. Si así fuera no lo manejaría Grondona, ni lo relataría por TV Marcelo Araujo, ni Julio Ricardo haría los comentarios.