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jueves, 24 de abril de 2014

Un muñeco menos

por Marcelo Calvente


Después de varios partidos de andar mediocre, por fin Lanús pudo alinear las ocho columnas que sostienen al equipo, y así obtuvo una enorme victoria en Torreón por 2 a 0. Con Marchesín: Araujo, Goltz, el Cali y Maxi; el Pulpito, Somoza y Ayala, Lanús vuelve a ser aquel campeón de la Sudamericana. Y si arriba tiene al As de Espadas en condiciones de jugar, mejor aún. Lautaro Acosta no solo desequilibra a la defensas más pintadas, también contagia a sus compañeros su disposición a la lucha y su concentración permanente. Junto con Maxi Velazquez y Ayala, el rey del relevo, quebraron al Santos Laguna por la derecha de su defensa, hasta marcar la diferencia por medio de Ismael Blanco, que aprovechó con una media vuelta uno de los tantos desbordes de sus compañeros. Lanús se adueñó del trámite a fuerza de pelear la pelota en todo el terreno con decisión y solidaridad, no entregando espacios para el dominio franco, sobre todo gracias al adelantamiento de una línea de fondo que se entiende y se conoce. Y cuando el local consiguió quebrar su oposición, apareció la figura del mejor arquero argentino, Agustín Marchesín, el propio Mundial pide a gritos su presencia en la fiesta.
Con enorme decisión, Lanús se olvidó de los contratiempos del viaje, del enorme cansancio y de la bronca por la derrota en Sarandí. Fue un elenco concentrado, aguerrido, dispuesto a correr y morder, pero calmo y seguro  para jugar la pelota, con pinceladas de talento -y cuando fue preciso también con pierna fuerte- de Somoza y el Pulpito, con cambio de frente y panorama de parte de Ayala, el primer tiempo tuvo en Maxi Velázquez al armador de los ataques granates, y a Lautaro Acosta como ejecutor de la llegada al fondo y el centro atrás. Tres veces lo tuvo con esa receta, y en la cuarta Blanco facturó. Como siempre, el árbitr
o uruguayo le negó a Lanús la sanción de un clarísimo penal a Acosta al filo del entretiempo. A los cinco del complemento le hicieron otro, y éste sí, Ubriaco lo cobró: Fue a los cinco y Goltz estiró la diferencia desde los doce pasos. Para eliminar a Lanús, el Santos tenía ahora que convertir cuatro goles, la serie estaba técnicamente terminada. Y aquí Lanús paseó su poderío. El dominio se hizo absoluto, los jugadores locales fueron perdiendo la cabeza y terminaron con diez, Lanús desperdició un par de chances para estirar aún más la enorme distancia que tenía a su favor.
El club Lanús retornó definitivamente a la divisional de privilegio en 1992, después una breve incursión en 1989/90. Habían pasado 15 años desde la noche negra y tormentosa del Viejo Gasómetro, el 16 de noviembre de 1977, cuando Platense lo mandó a la “B” de manera antirreglamentaria. Un año después, y en el mismo escenario pero ante el humilde Villa Dálmine, escribiría los titulares vespertinos más impensados: “Lanús bajó a la “C”. La caída, como siempre ocurre, fue el corolario de una crisis política fenomenal que puso al club al borde de la bancarrota, dejándolo al borde de la cesación de pagos y técnicamente fundido. Un lento reordenamiento llevado a cabo por la unidad de todas las agrupaciones se puso en marcha, que tardó algún tiempo más en plasmarse también en los campos de juego: Tres años en la “C, otros nueve en la “B”, hasta finalmente acomodarse en Primera sin riesgo de volver a descender. Allí comienza una etapa de lento crecimiento deportivo con las direcciones técnicas de Miguel Ángel Russo y Patricio Hernández, que desembocó en la llegada de un novato Héctor Cuper, quien conduciría al plantel de 1996 a la primera conquista internacional, la Copa Conmebol. A parir de esa victoria, hubo un nuevo período de crisis. Un desfile fallido de técnicos de renombre desemboco en la promoción de 2002, en tanto la tesorería volvía a pasar dificultades. Los técnicos llegaban y se iban sin lograr enderezar el rumbo, hasta que a mediados de 2006, con el visto bueno de Cabrero, la venta de Leandro Gioda trajo la tranquilidad de quedar en cero y cancelar las deudas de una vez y para siempre. De allí en adelante, el Grana se estableció entre los mejores equipos argentinos, siempre con Ramón celebró el título Apertura 2007, con Zubeldía y Schurrer tuvo varias participaciones internacionales en las que no pudo superar la instancia de octavos de final, hasta que con el Mellizo ganó la Copa Sudamericana 2013 y por primera vez en todos estos años, desde hace una semana encabeza la tabla acumulada de los promedios, la que te dice la posta de quien es el más grande de los últimos tres años.
Es hora de que todos los hinchas de fútbol se dediquen a observar con un poco más de atención el milagro granate para tratar de copiar el proceso, porque es de esta manera y de ninguna otra como podrán salir adelante los clubes argentinos. Hay una receta, pero lleva muchos años y hay que tener grandes dirigentes para poder llevarla a cabo, y por sobre todas las cosas, el apoyo de sus parciales. La impaciencia de la gente y las divisiones políticas suelen ser un gran obstáculo. Sin la unidad de todas las agrupaciones no hay forma posible. Y aunque algunas acciones personalistas suelen tener buen inicio, la falta de dos centenares de dirigentes fieles y amantes de los colores que trabajen desinteresadamente en los diferentes departamentos y disciplinas, sumado a los malos negocios que se hacen por falta de conocimiento, terminan ahuyentando a los mecenas  de turno.

Para llevarse el premio mayor de esta kermés continental, Lanús tenía hasta hoy cuatro muñecos por voltear. Santos Laguna fue el primero, y cayó de manera inapelable. Ahora viene el segundo, que tiene a su favor la altura de La Paz, el sorprendente Bolívar que derrotó al Flamengo en el Maracaná y eliminó al campeón de México en octavos. De salir airoso, a Lanús le quedarán otros dos muñecos por delante, y así cumplir el sueño imposible de acceder a la cumbre del fútbol del mundo a nivel clubes, a disputarse en Marrakech a fin de año junto a los demás campeones de cada continente. Serán dos obstáculos difíciles, pero de ninguna manera imposibles de superar, sobre todo si se ajusta un poco la puntería y se tiene un poquito más de suerte. Por ahora, celebra este inédito logro de estar entre los ocho finalistas, brindando a la luz de las bombitas de colores y bailando al son del organito.