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lunes, 20 de mayo de 2019

1973:Perón- Perón. 2019: Fernández-Fernández

por Omar Dalponte*

omardalponte@gmail.com   

Quienes se sorprenden por los dimes y diretes del peronismo, por sus idas y vueltas, por sus desencuentros y reconciliaciones, es porque ignoran la historia de esta expresión política de masas. Y a los que se enojan cuando ven que los odios entre peronistas se transforman en amores, seguramente les molesta comprobar que lo que creían muerto permanece vivo y con muchas posibilidades de volver, una vez más, a conducir los destinos de nuestro país. La historia del peronismo, principalmente después de 1955, ha sido una historia plagada de revoltijos en medio de los cuales héroes y villanos, unas veces alejados y otras en extraña convivencia, se han golpeado y acariciado hasta que, en un punto determinado, lograron ponerse más o menos de acuerdo y, entre codazos y abrazos, lograron sacar a la Argentina del pozo en que dictaduras, radicales y politiqueros de distinto pelaje la sumergieron en varias oportunidades.
Que Cristina Fernández dijo e hizo cosas no gratas al Partido Justicialista no es un secreto. Sus dichos y hechos nada amigables hacia los integrantes del PJ hace rato que forman parte del anecdotario peronista. También es verdad que de ciertos sectores justicialistas no se ahorraron adjetivos calificativos hacia la ex presidenta y durante los doce años de su gobierno arreciaron al por mayor las quejas y acciones contrarias al kirchnerismo. Pero no es menos cierto que las derrotas electorales de 2015 y 2017, la instalación del macrismo en el gobierno nacional, en varias administraciones provinciales y municipales, y el estado calamitoso en que se halla la Argentina en la actualidad constituyen hechos que, seguramente, conmovieron a muchas almas peronistas, contribuyeron a atemperar los disensos intestinos y posibilitaron que en estos días se reúnan alrededor de la misma mesa  tirios y troyanos buscando comunes denominadores a fin de aunar fuerzas y conseguir un
armado electoral con aptitudes para triunfar en octubre.
De manera que quienes tienen alterados sus espíritus y trastornados sus humores porque en el peronismo no estalló una guerra fratricida y hay avances en su unidad, bien podrían sorprenderse e indignarse ante la dura realidad de tres millones de argentinos hambrientos. O por el porcentaje elevadísimo de pibes que subsisten como pueden en medio  de una pobreza extrema. O porque frente a los chillidos de un ramillete de lenguaraces y el repiqueteo de unas decenas de cacerolas los miembros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación reculan vergonzosamente y borran con los codos lo que escriben con las manos. O porque, a pesar de que nuestra Constitución Nacional dice que quien ejerza la presidencia de la Nación debe ser argentino,  aquí manejó el gobierno un personaje de opereta ecuatoriano y también lo vienen haciendo los gringos usureros del Fondo Monetario Internacional.
Todos los días, a medida que se acercan las elecciones, desde las usinas amarillas y los reductos periodísticos socios y cómplices del oficialismo, se generan ideas y se desparraman conjeturas para confundir a la opinión pública o abrir discusiones con el propósito de que la gente ocupe su atención en cosas menores y no en los graves problemas de nuestro país.
En estos últimos días se echó a rodar el supuesto de que Cristina Fernández y Mauricio Macri no se presentarían como candidatos en las elecciones próximas. Los últimos acontecimientos demostraron que en lo que respecta a la ex presidenta se equivocaron fiero. En la mañana del sábado pasado, 18 de mayo, los medios de comunicación divulgaron la noticia de que la fórmula de Unidad Ciudadana sería Alberto Fernández-Cristina Fernández de Kirchner. Comenzó siendo la fórmula de una parcialidad, pero con el correr de las horas el Partido Justicialista y sus principales dirigentes, a lo largo y ancho de nuestro país, la tomaron como propia y una brisa fresca recorrió la geografía argentina dejando al pasar una gran esperanza.  Al final lo de siempre. El Justicialismo demuestra, una vez más, que no le falta quienes puedan hacerse cargo de las grandes responsabilidades cuando la Patria está en peligro.
De aquí en adelante se trata de construir una alternativa política, prolija y sólida, para sacar del escenario al macrismo mediante una victoria amplia y contundente. Un nuevo gobierno estará obligado a producir cambios estructurales de gran magnitud para poner de pie a la Argentina. Y eso sólo será posible si el nuevo gobierno cuenta con un amplio y poderoso apoyo popular. El Dr. Alberto Fernández es uno de los hombres mejor preparados para gobernar en los próximos y complicados años que vienen. Y con el acompañamiento de Cristina y las estructuras del Justicialismo podrá, en caso de triunfar, unir las distintas fracciones del campo popular y poner en el centro del escenario, en plenitud, al Movimiento Nacional como expresión política con fuerza suficiente para respaldar las profundas transformaciones que necesita una Nación para ser Justa, Libre y Soberana.
Anhelamos que se abra una nueva etapa bajo el liderazgo de Cristina, quien acaba de brindar un gesto de grandeza histórico, de acuerdo a su estatura política. Deseamos y sugerimos que, de ahora en más, Alberto Fernández, las conducciones del Partido Justicialista Nacional, de las provincias y de los municipios  sean los comandos tácticos, las jefaturas operativas para organizar, mediante la militancia movilizada y junto a los trabajadores, en todo el territorio nacional, a la organización patriótica en formación que permita la victoria electoral y abrir las puertas a la Nueva Argentina, tal como ocurrió en 1946. En esta tarea estamos dispuestos a trabajar hasta nuestro último aliento.
   (*) De Iniciativa Siocialista