viernes, 5 de marzo de 2021

Memorias granates: Carlos y José Volante, rivales y hermanos

por Marcelo Calvente

marcelocalvente@gmail.com

Segunda parte

 
Como hemos señalado en la primera parte de esta nota, el flamante matrimonio conformado por Guiseppe Volante y Luisa Estevano arribó al país en 1897 procedente del Piamonte. Él era herrero y fue contratado por la compañía de tranvías de Seeber, Marini, Rossi y Barceló que unía la estación ferroviaria de Lanús con Villa Obrera. Con los ahorros que traían y gracias a la grave crisis económica que encontraron a su llegada, pudieron adquirir un lote en Villa General Paz, a metros de la Plaza Sarmiento, donde construyeron un galpón al frente y una casa chorizo detrás. Allí nacieron sus siete hijos. Ángela, la primogénita, nació en 1900 y luego  llegaron Juan, Luisa, Carlos, Hermelinda, Julio y José. Los cuatro varones en alguna oportunidad vistieron la casaca granate, pero sólo Carlos, que


había llegado al mundo en 1905, y José, nacido en 1911, lograrían jugar en la primera división del club Lanús.

Un centrojás llamado Volante
La historia futbolística de Carlos Martín Volante en Lanús no fue muy prolífica. Es cierto que había crecido en los baldíos de la zona y que su calidad  fue un rápido pasaporte a las categorías inferiores del club Lanús. Pero con los muchos kilos de más adquiridos en los cuarteles no podía jugar en primera. En 1927 tuvo que hacer dieta para poder volver a empezar en el club General San Martín. En 1928 pasó a Platense donde descolló y fue convocado a la Selección Argentina. Y el 24 de marzo de 1929, como hemos visto, le tocó visitar a Lanús y enfrentar a su hermano menor con el resultado conocido: 5 a 2 para los Granates. Luego pasó fugazmente por San Lorenzo y en 1931 llegó a

Vélez. Pronto fue contratado por el Nápoli, que pretendía reforzarse para la Serie A, que había sido creada en 1929 dando inicio al profesionalismo en el fútbol peninsular.
   Al cabo de un año en Nápoles, Carlos Martín Volante pasaría al Livorno, y de allí al Torino, donde contraería enlace con María Luisa, una joven hermosa y culta perteneciente a la clase media alta de la ciudad de Turin, que tendrá vital importancia para el crecimiento intelectual del muchacho nacido y criado en Villa General Paz. Sin embargo, el clima de la Italia fascista muy pronto se hizo intolerable para el joven matrimonio. A mediados del 34, los acontecimientos se precipitaron: Mussolini acuerda con Hitler y decreta el reclutamiento de los extranjeros hijos de italianos que residían en la península para sumarlos a los ejércitos que se preparaban para la inminente Guerra Civil Española. Alertado por el cónsul de Italia en Suiza, primo hermano de su esposa, el joven futbolista argentino debe escapar por la noche de manera ilegal por la frontera con ese país, consciente del riesgo que corría: de ser descubierto por los guardias italianos, Carlos Volante sabía que más que la libertad, estaba arriesgando su vida. Afortunadamente logró cruzar a Suiza donde su contacto lo esperaba para ponerlo a resguardo.



    Buscando continuar con su carrera en un fútbol también muy competitivo, Carlos Volante, ahora con pasaporte legal otorgado por el gobierno helvético, se radica en Francia y logra fichar por un año para el Rennes. Entre mediados del 35 y el 36 juega en el Olympique de Lyon, y en julio del 37 es transferido al Paris FC. Allí se integra muy pronto a la elite cultural que conformaban los jóvenes argentinos de clase alta que se desvivían por el clima distendido que aún reinaba en la Ciudad Luz, y entabla amistad con Oscar Alemán; es conocida la historia del equipo de fútbol amateur que el guitarrista de Josephine Baker formó, el Tango Fútbol Club, que jamás perdía, porque secretamente lo integraban cuatro futbolistas argentinos profesionales. Uno de ellos era Carlos Martín Volante. A mediados del año 38, al tomar conocimiento de que se trataba de jugadores con contrato con el Paris FC, la entidad les canceló el vínculo. Otra vez una circunstancia extraña ponía a Volante en problemas: la Segunda Guerra Mundial se olía en el aire, y las fronteras de toda Europa se militarizaban. En ese contexto, Francia se apresta a organizar el Torneo Mundial de Fútbol de 1938.
    En junio de ese año, Carlos Volante, que ya no integra la plantilla del París FC, aparece sorpresivamente como masajista de la Selección de Brasil que participa de la tercera edición de la Copa del Mundo. Según algunas fuentes fue Oscar Alemán, al que sus hermanos habían abandonado en Río de Janeiro siendo un pequeño de ocho años, quien lo presentó a sus amigos futbolistas de la selección brasileña como un excelente masajista, aunque desde el entorno familiar de los Volante sostienen que quien le consiguió el puesto fue un joven nadador brasileño de origen belga, con quien el futbolista también habría entablado amistad en Paris: Joao Havelange. Lo cierto es que en la nueva función, Volante tenía ahora la oportunidad de escapar de Francia con su mujer y su hija, disfrazado de auxiliar junto al scratch. Sin embargo, los futbolistas y dirigentes brasileños pudieron observar sus cualidades futbolísticas durante el torneo, ya que para completar el número de jugadores necesarios para los picados, Carlos Volante participó de las prácticas y deslumbró como mediocampista central, un puesto clave en el novedoso dibujo táctico que se venía utilizando en Europa, y que los sudamericanos conocieron durante la disputa del Mundial.
Terminado el torneo, Carlos Martín Volante viaja a Brasil con la selección brasileña y pronto ficha como jugador para el Flamengo de Río de Janeiro, ciudad adonde se radica. En Río, ya veterano, transmite sus conocimientos de la nueva idea táctica a sus compañeros, alcanza su esplendor como capitán y se consagra en el Mengo junto a figuras de la talla de Domingos Da Guia y el gran Leónidas. Mientras la Segunda Guerra Mundial se extendía sobre las principales capitales europeas, el equipo más popular de Brasil obtiene tres ediciones del Campeonato Carioca, en 1939, 1942 y 1943, con él como valor más destacado. A los 36 años, Volante decide retirase con toda la gloria y una muy buena situación económica, y retornar a la Argentina, a vivir en la vieja casona de Lanús donde había nacido y donde pronto vendrá al mundo su segunda hija.
    Curiosa coincidencia del destino, en 1945 Carlos Volante antecede a su hermano Pepe como entrenador del primer equipo Granate, de la misma forma en que años antes lo había precedido como jugador. Sin embargo, su estadía en la Argentina es breve; al cabo de un año, y a pedido de su esposa, que no se adapta a la vida en nuestro país, retorna a Brasil para dirigir a Internacional de Porto Alegre, después al Vitoria y finalmente al Bahía FC, obteniendo la consagración más importante de la vida de la institución del norte de Brasil: La primera Copa Brasil, que se disputó en 1959 entre los mejores de cada estado, para definir al único representativo de esa nación en la primera edición de la Copa Libertadores de América, que se disputó en 1960.
    Bahía, con un tal Geninho como entrenador, había llegado a la final de la competencia ante el Santos de Pelé, Coutinho y Pepe. En el partido de ida, el 10 de diciembre de 1959, dando la gran sorpresa, supera al Santos en el inexpugnable estadio de Vila Belmiro por 3 a 2. Pero en la revancha disputada veinte días después, el equipo de Geninho es derrotado en su propio reducto de Bahía por el Santos por 2 a 0, debiéndose jugar un partido final pactado para el 29 de marzo de 1960 en cancha neutral, para lo que se designa al Maracaná de Río de Janeiro. Y aquí tenemos una gran incógnita: Geninho, el entrenador que había conducido al Bahía hasta tan alto sitial, por motivos que desconocemos deja su cargo luego de la derrota en la revancha. Al frente del equipo que vencerá en la definición del Maracaná por un inapelable 3 a 1, logrando el primer y único título nacional de la historia del club, aparece nuestro conocido, el enigmático Carlos Martín Volante, quien permanecerá en el cargo hasta fin de 1960, cuando abandona la actividad. Luego de una última visita a la patria -fueron muy pocas desde que había partido en el 31- efectuada a principios de los años 70, se despide para siempre de sus hermanos, decide radicarse en Italia junto su esposa e hijas, y permanece hasta su muerte ocurrida en 1988 en la ciudad de Turín, donde sus restos descansan.
     Aquí terminaría la historia de este futbolista Granate de vida singular, de la que poco y nada sabríamos, si el 15 de febrero del año 2012 el primer equipo de Lanús y el Flamengo de Ronaldinho no se hubieran enfrentado en La Fortaleza por la Copa Libertadores de América. Esa noche conocimos al periodista carioca del Diário Lance! y de la cadena Fox, Claudio Portella, que tenía la intención de saber algo más de la historia del gran ídolo del Flamengo de los años 40, Carlos Volante, y se encontró con que en su ciudad natal, después de tantos años, muy poco se sabía de su existencia. El propio DT del Fla, el veterano Joel Santana, le había contado durante el viaje que el primer gran centro-half del fútbol brasileño había nacido cerca de la cancha de Lanús, y que tanta había sido su impronta en el fútbol de Brasil que con su nombre fue rebautizada esa posición en el terreno de juego y que con el paso del tiempo la nueva denominación se había extendido a todo el continente. Los jugadores y entrenadores que emigran al fútbol europeo expresan habitualmente su curiosidad sobre un término -volante- que en Europa se desconoce por completo, mientras que en todas las ligas de Sudamérica es de uso corriente. Gracias al colega carioca ahora sabemos que surgió en Brasil, cuando con la llegada de Carlos Volante advirtieron que el típico “5” rioplatense se desempeñaba de manera diferente, y para simplificar la orden, los entrenadores solían indicarle a sus dirigidos “jugá de Volante”.
     Así fue como el apellido de aquel legendario futbolista granate sobrevive en toda América Latina convertido en sinónimo de mediocampista, aunque nació como calificativo de la función de centre-half, esa que desplegaron valores de la talla de Obdulio Varela, Antonio Ubaldo Rattín y Héctor Guidi, uno de los máximos ídolos del Grana, que al cumplirse un año de su temprana muerte, ocurrida el 8 de febrero de 1973, le dio su nombre a la calle que culmina su recorrido en la entrada principal de la cancha de Lanús, ubicada sobre la calle Arias, que algunos meses después de la muerte del gran Ramonín, ocurrida el 1º de noviembre de 2017, muy pronto pasó a llamarse Ramón Cabrero. En otra parábola curiosa del destino, la calle Juan Héctor Guidi, así llamada en honor al legendario mediocampista central de los dos equipos más famosos de la entidad, Los Globetrotters y Los Albañiles, no es otra que la antigua Gral. Acha, la de la casona de los Volante, que aún está en pie y en su puerta luce el número 2032, donde el 11 de noviembre de 1905 había nacido aquel centrojás de curiosa trayectoria, un trotamundos que con su impronta rioplatense y su experiencia europea ayudó a cambiar para siempre la historia del fútbol brasileño, que pasó a ser el mejor del planeta cuando sus mediocampistas centrales aprendieron a jugar de Volante.

Las fotos: Arriba: José Florio, Alfredo Marcado y José Volante en 1951. Abajo: Carlos Volante.