viernes, 20 de febrero de 2026

El conflicto entre el municipio y "la comunidad del Kennedy"


por Marcelo Boffa*

Hace menos de dos años me tocaba realizarle una entrevista a un querido ex rector de la escuela Kennedy (la escuela técnica pública de mayor peso histórico del distrito) a manera de insumo para una investigación de mi autoría sobre representaciones de la educación en mayores de 60 de clase media en Lanús. Más  allá  de  mis  objetivos  específicos  de  estudio  no  puedo  evitar  la  presencia  de  una respuesta que se actualiza durante estos días. Ante  la  pregunta  acerca  de  alguna  circunstancia  personal,  familiar  o  de  otro  tipo  que hubiese  incidido  en  su  educación  posterior,  el  profesor  dice  sin  dudar  un  instante:  “La comunidad del Kennedy”. Hoy  la  comunidad  del  Kennedy  se  encuentra  con  obras  que  pretenden  avanzar  sin autorización sobre su predio y para quienes no conocen los hechos no se trata de los típicos “fieritas”  utilizados  para  ganar  posiciones,  terrenos,  o  como  simple  fuerza  de  choque, movilizando indignamente alguna de las formas de su desesperación o necesidad.

 Quien  voltea  un  tramo  de  su  pared  perimetral  aprovechando  el  verano  y  violando  la promesa de consulta luego de más de un año de rechazo al avance sobre predios propios del espacio  escolar  utilizado  por  estudiantes  de  11  escuelas,  es  el  propio  intendente  Julián Álvarez, quien suscribió un acuerdo ilegítimo y antojadizo con la gestión del ex director

de Cultura y Educación Alberto Sileoni. No es la primera vez que los propagandistas de la escuela “pública y popular”, todos con hijos en  la educación privada,  se dedican a atacar a  lo mejor  del sistema  escolar, lo que permanece  de  pie,  lo  que  aún  no  pudo  ser  directamente  vaciado  por  la subordinación partidaria, como sistemáticamente acontece.

En el  año 2006,  a  través de  una diputada del  Movimiento Evita  intentaron trasplantar el Nivel  Inicial  desde  la  Dirección  General  de  Cultura  y  Educación  de  la  provincia  a  un engendro  “coordinador”  de  organizaciones  para  el  cuidado  de  niños  y  niñas.  La movilización autoconvocada sepultó el experimento.

En el marco de la reacción masiva e indignada de la comunidad del Kennedy, el profesor Rudy Coria, uno de los fundadores de la escuela, le dice a Julián  Álvarez en uno de sus videos que “como hombre de derecho usted sabe bien que cometió un grave error”. Para el profesor no sólo es grave que haya violado las leyes 23.818 y 24.049 y que haya lesionado el derecho administrativo y el Código Penal. Lo peor según su punto de vista, es que haya violado la propia palabra. Algunos, un poco más jóvenes, sabemos que esta gente carece de palabra.  Pero sí estaría a tiempo de retroceder aunque sea por razones especulativas, a los efectos de

intentar detener un claro papelón ante la comunidad y los vecinos del Kennedy. Sucede  que se  trata  de  personas  con  un  claro  problema,  casi  patológico, con  las usurpaciones. Necesitan robarse aunque sea un metro. Quizás se sientan menos hombres si no lo hacen.

El peculiar proyecto de ordenanza de “Registro de Tierras e Inmuebles Municipales” por el que podrían quedarse con tierras e inmuebles privados es un ejemplo. Como el pasaje tantas veces citado del 18 Brumario acerca de que la historia se repite como farsa, se trata de gente que combina una nostalgia proudhoniana contra la propiedad (del otro)  y  un  vínculo  estructural  con  el  delito  común, como  se  deriva del  auto proclamado “éxtasis”  del  ex  presidente  Kirchner  por  las  cajas  fuertes  o  la  jefatura  con  tobillera  por defraudación  al  estado  de  la  condenada  Cristina  Fernández  de  la  cual  Julián  todavía depende.  La historia como farsa ridícula del “exprópiese” de Hugo Chávez Frías, que cree que no puede  completar su  proyecto  urbanístico  lindante si no  violenta  el  pulmón  de  educación física,  propiedades  del  Kennedy  y  el  Piedrabuena,  polo  utilizado  por  estudiantes  de  una enorme área de Lanús E. Es el quiebre del sentido común de lo que funciona. Es su concepción artificial de ruptura, apropiación y conflicto de la que aparentemente están hechos.

Sin embargo, todavía están a tiempo. No es necesario que sostengan la estupidez con alguna épica de “ni un paso atrás”. La  nueva  directora  de  Cultura  y  Educación  provincial,  Flavia  Terigi, al  momento  de escribir estas líneas aún no había respondido el pedido de reunión para desmontar todo este absurdo. Cuando  la  sociedad  enfrenta  a  una  losa  burocrática  peronista  K, caracterizada en su autoritarismo  por  no  escuchar  (para  ser  honestos  no  se  trata  de  la  única  dirigencia caracterizada  por  no  escuchar)  suele  adoptar  dos  caminos.  O  se  abraza  a  su  soledad o decide  no  resignarse,  como  lo  hace  la  comunidad  del  Kennedy  con  sus  estudiantes, docentes, padres y vecinos, enfrentando la prepotencia de las topadoras. 

  (*) Sociólogo