por Roberto Peláez*
Un club de barrio que, con gestión y compromiso social, se convirtió en campeón sudamericano y en un modelo para el fútbol moderno. La reciente consagración de Lanús como campeón de la Copa Sudamericana frente a Atlético Mineiro no es sólo un triunfo deportivo: es la confirmación de que la perseverancia y la planificación pueden transformar la historia de un club.
Durante décadas, Lanús convivió con descensos, crisis administrativas y rachas adversas. Sin embargo, lejos de rendirse, apostó por un proyecto integral: mejorar su infraestructura, fortalecer su identidad y asumir un compromiso social con su comunidad. De una cancha de madera pasó a un estadio de estilo inglés, sumó un polideportivo único y creó espacios educativos que incluyen escuela primaria, secundaria y un profesorado de educación física. Todo esto acompañado por programas culturales y deportivos que promueven la inclusión y el desarrollo de niños y jóvenes.
Este crecimiento no fue casual. Es el resultado de dirigentes que se arremangaron, de hinchas que nunca dejaron de creer y de una visión que entendió que el fútbol es mucho más que noventa minutos. Hoy, Lanús demuestra que un club de barrio puede alcanzar la gloria continental sin perder sus raíces.
Porque Lanús enseña que el verdadero éxito no se compra: se construye, paso a paso, con valores que trascienden el deporte.
(*) Ex consejero escolar
