viernes, 27 de mayo de 2022

La izquierda peronista: De “liberación o dependencia” a la “pacificación nacional” de Ivanisevich-Otalagano


por Lisandro Martínez*

En 1964, el general Juan C. Ongania impulsó la Doctrina de Seguridad Nacional elaborada por EEUU, que era un armado de decretos antidemocráticos. Entre mayo y septiembre la clase obrera tomó 11.000 fábricas. El Cordobazo y otras luchas anteriores le pusieron límites a la dictadura que intentó instalarse 20 años. El retroceso de la milicada se produjo por la movilización popular en todos los ámbitos donde las luchas ocupaban los espacios, con huelgas y otras medidas para establecer reivindicaciones y llevarlas adelante. Este estado de cosas obligó a la gran patronal y al imperialismo a traer de vuelta a Perón para aplastar la rebelión en ciernes.

La universidad como gran centro de deliberación de la juventud se presentaba como una caldera que debía desactivarse.

El 25 de mayo de 1973 asume el gobierno “el Tío” Cámpora, el rostro bobo de un proyecto siniestro contra la mayoría que ocupaba las calles y reclamaba por salarios.

Desde 1972 Galimberti, uno de los responsables de la Juventud Trabajadora Peronista (JTP) señaló que “no buscamos interferir en la marcha de los sindicatos” (la burocracia). Y mirando para otro lado la mayoritaria JTP dejó pasar la reaccionaria Ley 20.615 de asociaciones profesionales, ley contra las luchas sindicales. En una solicitada la JTP avaló por disciplina partidaria la ley de reforma laboral reaccionaria de Perón (Diario Noticias 28/11/1973). La ley

incluía penas de prisión para los huelguistas que ocuparan sus sitios de trabajo.     

Esta coyuntura política tuvo un llamado de atención con la “Masacre de Ezeiza” del 20 de junio de 1973, que Montoneros registró mal ya que denunció a todos menos al círculo áulico de Perón y al mismo líder.

En la universidad el gobierno disolvió las protestas con represión. Fueron cerradas casi todas las facultades y tras su reapertura se implementaron estrictos controles en los accesos. La Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, la más grande del país con 25.000 alumnos, llegó a conocerse como “la prisión”. Puertas adentro se recurrió a policías de civil y delatores provenientes de las organizaciones estudiantiles nacionalistas-peronistas de derecha: ALN, CdO, GdH, JPRA, Lealtad, etc., que además oficiaban de preceptores. Policía y gendarmes controlaban, revisaban y denunciaban al activismo de izquierda.

Jorge Taiana -un progre- ministro de Educación de 1973/74 nombrado por el gobierno de Cámpora, pidió la renuncia de sus cargos en la universidad a los profesores Rodolfo Ortega Peña y Luis Eduardo Duhalde, ligados a la izquierda peronista, porque criticaron a funcionarios del gobierno de Perón. Meses después les aplican la “Ley de Prescindibilidad” (diario La Opinión 8/12/1973). Esa fue “la reconstrucción universitaria dirigida por sus liquidadores” que denunciamos en Política Obrera N° 154 18/5/1973: “Como parte de esa reconstrucción los responsables –Taiana, Mignone, Salonia- sostuvieron una reunión con los rectores de las universidades privadas del Salvador, la Católica de Salta, y Horacio Domingonera, el autor de la ley de enseñanza libre del gobierno de Frondizi”. Los guardianes “de la Universidad para el pueblo y la liberación nacional”, estaban dispuestos a entregar a su madre. La Juventud Universitaria Peronista (JUP) constituyó mesas universitarias. ¿Para fortalecer el monopolio de la enseñanza pública, gratuita y laica? No. La JUP invitaba a participar al clero y a las grandes patronales de la educación privada. El proyecto de la reconstrucción de la universidad estaba basado en imponer una tregua en la lucha obrera y el sacrificio de los laburantes. El planteo de la JUP fue calurosamente apoyado por la CGE, la UIA, el Episcopado, la Sociedad Rural, la Bolsa de Cereales y otros explotadores del trabajo ajeno. La Nación del 3/5/1973 dijo: “Se señaló la necesidad de la participación en la orientación y conducción de la universidad de los diferentes sectores de la comunidad como sindicatos, empresas, entidades religiosas, FFAA, etc.”. Los diputados de la  JTP votaron a favor de la ley 20549 de Prescindibilidad de los empleados públicos (15,16/11/1973); 2 años después “Ctera calculaba que se habían producido 15.000 cesantías entre docentes universitarios y profesores de enseñanza media de colegios dependientes de las universidades” (Laura Rodríguez, “La universidad durante el tercer gobierno peronista, 1973-1976).

  En 1973 la prensa conservadora y la revista oficial del peronismo Las Bases, solventada por López Rega, presentaban “la educación superior como ámbito natural del comunismo”.

 Durante los gobiernos de Perón e Isabelita -1973/1976 desaparecieron o murieron violentamente entre 700 y 1.000 personas. Esas acciones fueron catalogadas como delitos de lesa humanidad por el juez federal Oyarbide en 2006 y confirmado por la Cámara Federal en 2008.

 En ese periodo la policía allanó entre otros el local de Política Obrera, deteniendo a 15 compañeros. Lo mismo se hizo en el Nacional Buenos Aires donde encanutaron a 20 alumnos. Fueron detenidos el físico Juan J. Giambiagi y el geólogo Amílcar Herrera.

  Cuando murió Perón, Isabel le pidió la renuncia a Taiana e incorporó en su lugar a Oscar Ivanisevich, un médico ultra católico que fue ministro de Educación de 1946 a 1948, cuando impuso la educación religiosa en las escuelas argentinas. Ivanisevich nombró en una facultad del sur argentino a un colaborador nazi en Rumania: Remus Tetu, quien se jactaba de ser parte de las Ustachis, organización terrorista nacionalista croata basada en el racismo religioso y ligada al nazismo,. 

  Remus Tetu participó en grupos fascistas como Guardia de Hierro. En 1975, en el sur de Argentina también se implantó un “pensamiento bárbaro, único, mágico-religioso”, basado en el aplastamiento de las ideas. Remus Tetu representó en el Comahue el delirio mafioso, que de la mano de la Triple A persiguió a personas e ideas y preparó el terreno que completó, luego, la dictadura militar con 30.000 desaparecidos (Le Monde Diplomatic - octubre 2007).

El gobierno de López Rega-Isabelita clausuró los centros de estudiantes, aumentó y agravó la represión y desarticuló los espacios institucionales donde la militancia universitaria era fuerte; el accionar paramilitar de las agrupaciones de derecha llegó al paroxismo, de la mano de Ivanisevich.

1973/1975 fue una derrota política de la pequeña burguesía de izquierda que no estuvo a la altura de las circunstancias y abrió el camino a la dictadura.

   (*) Del Partido Obrero Tendencia