por Jorge Aquino*
Se habla mucho de las pruebas PISA y los malos resultados de nuestros
estudiantes, y se dan mil explicaciones: que la pobreza, que la exclusión, que
las nuevas formas de la educación, que la infraestructura, que los salarios
docentes, que patatín, que patatán. Yo llevo 42 años de docente, y aun recuerdo
mis inicios, y mi etapa escolar y de estudiante. Recuerdo mi vieja y querida
escuela 37 de Monte Chingolo, recuerdo mi guardapolvo impecable, los tinteros
en los bancos, lapicera de pluma, papel secante, y pobreza de la buena que nos
igualaba a todos. Y había que comprar el manual del alumno bonaerense y
recuerdo los esfuerzos que hacían mis viejos para que nunca me faltase lo
necesario. Y vivíamos en una pobreza casi extrema, sin luz, ni agua corriente,
de gas ni hablar, cocina a kerosene, y sin embargo nunca faltabámos a la
escuela, llueva o truene, con frío o calor, todos tratábamos de aprender y no
cumplir con las tareas era motivo de reproche de tus propios compañeros. Maestras,
exigentes nada contemplativas, nada de lástima por lo que nos faltaba, nos decían
y nosotros estábamos convencidos que estábamos haciendo la patria. Luego la
secundaria, aun más brava: te podías llevar una materia previa pero repetías si
era más de una. Amonestaciones o expulsión si no te comportabas, pero
extrañamente no era moneda corriente el castigo, no era necesario, las familias
eran diferentes, los padres estaban atentos a cómo te iba en la escuela y nada
condescendientes, pero rara vez se entraba en conflicto por el tema estudio.
Había una gran diferencia con la actualidad. Nosotros asumíamos que teníamos
una responsabilidad, con nuestros padres y con la patria. Yo veía a mi viejo
llegar del trabajo y agarrar una carretilla e ir a traer agua que no teníamos, y
ante esa realidad qué menos podía hacer yo que estudiar, esa era mi parte en la
familia y la de todos mis amigos en la suya, hoy las familias son tan modernas
que los pibes no tienen ninguna responsabilidad. “Hay que evitar que se frustren
o sean estigmatizados”, nada de comprar libros, mucho menos leer, eso sí, todos
con celular y televisores de 50" y ningún libro, ni siquiera un diario. Son
muy diferente de lo que fuimos nosotros, sus padres, son incomparablemente más “vivos”
y en la misma medida más ignorantes: no saben pensar, no saben nada, todo lo
tienen en el celular. Es verdad que el sistema tiene mil fallas, pero el ser
humano todas las dificultades las puede superar si tiene actitud para hacerlo y
el primer paso para esa superación es reconocer la propia estupidez con que
encaran la vida. Por qué tanta tolerancia a las faltas y la irresponsabilidad,
por qué se naturaliza lo que está mal, como la indisciplina, la falta de
respeto a los símbolos patrios, no cantar el himno, acordarse de la bandera
solo cuando juega la selección. Y esto no es porque sí, es una manipulación política
que quiere jóvenes estúpidos, que felices con el facilismo que se les ofrece
compren espejitos de colores y voten delincuentes.
(*) Profesor
