por Víctor De Gennaro•
Entiendo el enojo y la indignación, y no es para menos, por la represión
ejercida por el gobierno para que las “empresas de la comunicación hegemónica”
mostraran a la criminalización de la protesta como lo más destacado de las
jornadas que vivimos.
Intentan cambiar el eje del debate ocultando el rechazo total de las y los
trabajadores a la ley de legalización de mayor explotación aprobada que es una
nueva y repudiable transferencia de ingresos hacia las patronales.
También esas empresas -mal llamadas “medios de comunicación” y sus
empleados no periodistas, sino simples operadores comunicacionales de los que
se enriquecen a costilla del pueblo- titularon todo el día que la CGT paró el
país, disputando sentido sin miramientos. Negaron la construcción del proceso
de concientización y consenso logrado para su concreción, con campañas de
difusión, asambleas, cortes de rutas, a lo largo y ancho de nuestra Patria,
desde hace ya más de tres meses y la convocatoria de la CTAA, CTAT, UTEP,
FRESU, y muchas organizaciones del campo popular a las que se sumó en la última
semana la convocatoria de la CGT.
Lo cierto es que fue un parazo nacional
Aprendí que lo más importante de una acción impresionante y difícil de llevar a cabo como
ésta, es que millones, sí millones de trabajadoras y trabajadores utilicemos la legalidad de la convocatoria de todos los sectores sindicales y centrales obreras para manifestar que todavía![]() |
| Estación Lanús, a las 9:00 del 19/2/26 |
creemos en la "acción colectiva" para cambiar la realidad, aunque no modifique inmediatamente la situación de opresión.También nos reprimieron en la movilización al Congreso en el 2017 y aprobaron la jubilación trucha de Macri. Fue el punto de inflexión para su derrota, y no dudo que también hay algo de eso en estas jornadas que estamos protagonizando.
Pero se necesita organización, formación y confianza en nuestras fuerzas,
en síntesis, poder consciente y unificado para terminar venciendo.
Aun con dudas, el conjunto de los millones y millones que no fuimos a laburar aportamos con esperanza a
que esa actitud individual (no ir a laburar)
valía la pena para mostrar esta fortaleza también a nosotros mismos.
La represión de hoy no es más ni menos de la que hacen todas las semanas
frente al Congreso, o en las ciudades de las provincias para sofocar las luchas
de nuestras compañeras y nuestros compañeros o la que hacen en los barrios
todos días con su policía brava para castigar a nuestros jóvenes con el
objetivo de frenar sus rebeldías.
Lo distinto que sentimos (por lo menos en mi caso) es la fuerza y
potencialidad del colectivo. Y eso es lo que hay que mostrarnos y reivindicar.
Claro que allá por 1989 sentenciaron que la clase trabajadora no era más el
único sujeto del cambio revolucionario, pero por suerte están emergiendo otras
muchas y muchos sujetos de cambio que en el marco de la fantástica revolución
tecnológica que atravesamos y su profunda incertidumbre, construimos una nueva
humanidad.
Permítanme compartir entonces, el orgullo que siento de pertenecer a esta
clase que, hasta que se demuestre lo contrario, con nuestra “cabeza”, con
nuestro “lomo” y con nuestro esfuerzo es la que crea la riqueza de las
naciones, y si lo hacemos tenemos el derecho no sólo del reconocimiento sino
también de decidir qué hacemos con ella para beneficio de todos.
Por supuesto que lo hacemos enfrentando a los infinitamente
multimillonarios (en Argentina organizados en AEA, Asociación de Empresarios
Argentinos y las transnacionales, con la bendición de la Embajada de EEUU) que
la concentran empobreciendo a sus pueblos.
¡Viva la Clase Trabajadora que sigue siendo vital para dar vuelta la
tortilla a favor de nuestro pueblo!
(•)
Trabajador Jubilado y concejal de Unión por la Patria

