por Lisandro Martínez*
Con los primeros los resultados, el presidente Donald Trump salió a aclarar que el no figurar su nombre en las boletas fue la principal causa de la derrota republicana. En Fox News ensayó una segunda explicación: “A algunos votantes no les gustaban los candidatos”. Agregó que varios de los postulantes que él había apoyado lo criticaron y eso molestó a sus seguidores. La réplica dentro del Partido Republicano fue casi inmediata. Según el NYT, varios republicanos vincularon la pérdida de ambas cámaras con decisiones desafortunadas de Trump: 1) la política arancelaria; 2) la guerra en Irán, que puso los precios por las nubes; y 3) una estrategia electoral cuestionada, con candidatos sin peso y una gira a la bartola en las últimos días de campaña. El estratega republicano de Michigan, Jason Roe fue de los más duros en la autocrítica, calificó de “ridículo” el análisis de Trump y lo definió a él como el “artífice del colapso republicano”. Don Bacon, representante por Nebraska sostuvo que “todo giró en torno a Trump”. Brinker Harding, el candidato republicano que perdió por amplio margen en Nebraska evitó opinar sobre la tesis de Trump, pero enumeró sus propios motivos: “la nafta súper cara y los aranceles por las nubes”. Varios consultores coincidieron en que el resultado fue el rechazo a Trump más que una adhesión a los demócratas. Jon Fleischman, ex director ejecutivo del Partido Republicano de California, planteó que los votantes, enfrentados a la economía de Trump y cansados de la guerra en Irán, no podían expresar su frustración directamente al presidente y la volcaron sobre su partido. Luis Gio, traductor judicial, cuestionó que se impulsaran obras como el salón de baile de la Casa Blanca cuando el país “necesita cosas más importantes”. Desde Oklahoma City, el alcalde republicano David Holt escribió que su
partido está “moral e intelectualmente en bancarrota” y dijo no recordar una elección de medio término tan ligada a una sola persona. La cúpula republicana reaccionó con cautela. El líder de la mayoría en el Senado, John Thune, emitió un comunicado en el que celebró los logros de los dos primeros años del segundo mandato de Trump y celebró que “todavía” tengan al presidente en la Casa Blanca para frenar los “peores impulsos” del extremismo demócrata. No mencionó las causas de la derrota. El presidente de la cámara, Mike Johnson, cuyo partido perdió el control del cuerpo, defendió con más energía a Trump: dijo que los demócratas padecen “síndrome de aversión a Trump”. Craig Shirley, ex asesor de la Casa Blanca, habló de una “mancha” para el partido, pero cree que los republicanos seguirán apoyando las políticas del presidente en seguridad fronteriza e impuestos. Reconoció, sin embargo, que “sin la guerra” los resultados “habrían sido muy diferentes”. Es por eso que la discusión abre una incógnita sobre cuánta influencia conservará Trump sobre su partido.El golpe más simbólico llegó desde Texas, el estado conservador más poblado del país. Según el NYT, los demócratas terminaron con 32 años de control republicano de los cargos estatales. James Talarico derrotó a Ken Paxton, candidato envuelto en escándalos, en la disputa por el Senado. Gina Hinojosa venció al gobernador Greg Abbott, que buscaba un cuarto mandato récord y que meses atrás parecía tener la victoria asegurada y será la primera gobernadora hispana de Texas. Garry Mauro, ex comisionado de tierras y uno de los últimos demócratas en ganar una elección estatal, en 1994, dijo que Talarico es “un símbolo” y Hinojosa “un terremoto”. La hegemonía republicana, que pasó de George Bush a Rick Perry y Greg Abbott con una legislación cada vez más conservadora (prohibiciones del aborto, material cristiano en escuelas públicas y ampliación de la portación de armas), llegó a estas elecciones con varios frentes abiertos. Los demócratas crecieron con el rechazo nacional a la administración Trump entre votantes preocupados por la guerra en Irán, la represión migratoria y el costo de vida y tanto Paxton como Abbott estaban muy ligados al presidente. A eso se sumaron el auge de los centros de datos, impopular en zonas rurales y suburbanas, un programa de vales escolares visto por muchos como perjudicial para la educación pública, ataques de algunos republicanos a la comunidad surasiática del estado y un candidato a un cargo regulatorio de alto nivel que insultó a sus rivales con agravios contra personas homosexuales y con discapacidad. Austin Vaughn, de 31 años, contó a NYT que votó por primera vez todas las casillas azules. Dijo que se sentía cómodo en el Partido Republicano pero que el partido “se descontroló socialmente”. Ahora es padre de una hija y rechaza la estricta prohibición del aborto. Los republicanos todavía intentan explicar la caída de Paxton y cómo Abbott quedó arrastrado por la ola. Matt Mackowiak, que trabajó en la fallida campaña de Cornyn en la primaria contra Paxton, anticipó una crisis “sin precedentes” en la historia del estado. Los demócratas esperan ahora más fondos y apoyo nacional y hasta imaginan que Texas pueda inclinarse hacia ellos en una elección presidencial. El consultor republicano Chad Wilbanks, ex director ejecutivo del partido en el estado, lo resumió así: “La represa se ha roto”. Las elecciones legislativas en EEUU han agravado la crisis política. En un informe acerca del impacto de los resultados fuera de EEUU, The New York Times sólo pudo recoger otra tirada del español Pedro Sánchez contra la ultraderecha. Macron, Merz, Meloni, Le Pen, han hecho mutis por el foro. La derrota de Trump podría afectar la continuidad del gobierno provisorio de Netanyahu, quien ha obtenido la primera minoría en las recientes elecciones en Israel, sin la posibilidad de formar gobierno. Los republicanos han perdido 45 cargos en la cámara baja y 7 lugares en el Senado, aunque las pérdidas probablemente serán mayores. También sufrieron una derrota histórica en las elecciones a gobernador en estados de mayoría republicana: Texas, Iowa, Ohio, Georgia y Nevada. Hace décadas que varios de estos estados no elegían a un demócrata; en el caso de Kansas, se trata de la primera derrota republicana desde 1932. La magnitud del golpe ha impedido al trumpismo apelar a su acusación de "fraude". Las maniobras realizadas a nivel de rediseño de distritos electorales -para minimizar el voto de la población negra o de votantes favorables a los demócratas- no dieron el resultado esperado por los defraudadores políticos. Trump declaró al NYT que no desconocería el resultado y oscila entre denominarse "Mr. Veto" y afirmar que negociará con los demócratas. Trump ha intentado despegarse de la derrota y niega que hubiera habido un referendo acerca de su presidencia; sus rivales no quieren abrir esta caja de Pandora que supone echar a Trump de inmediato. Culpó a los candidatos derrotados y también a la reaccionaria cadena Fox News. Varios aspirantes a sucederlo en el partido Republicano han comenzado a tomar distancia. Los Republicanos han perdido votos en todos los sectores sociales, pero especialmente entre los latinos y los jóvenes. Según la CNN, entre los votantes menores de 30 años un 75% votó por el PD y un 25% por los republicanos. El repudio a las redadas contra los inmigrantes fue un factor fundamental, no solamente entre los votantes hispanos. El gobernador de Florida, Ron DeSantis, de la ultraderecha, calificó la derrota como "el equivalente político de un impacto de meteorito" y responsabilizó a la guerra y a la carestía como causantes de la debacle, pero no se trata de un pacifista sino de un halcón que apoyaría una ´operación Venezuela´ contra Cuba. El propio vicepresidente JD Vance tuiteó: "La razón por la que perdimos es la guerra”, aunque se refiere sólo a la de Irán. El mismo Vance es el principal animador de la ultraderecha europea, que rechaza el alineamiento con la Unión Europea y que reclama un acuerdo con Putin. Que Trump haya sufrido una derrota en las urnas no ha hecho desaparecer la guerra mundial, solamente ha introducido una mayor crisis política en torno a ella. Algunos políticos y observadores se han jugado a anunciar “el comienzo del fin del trumpismo”. Aventurar pronósticos fuera del contexto de la guerra imperialista y de la crisis mundial en su conjunto es oficio de charlatanes. La palabra la tiene la lucha de clases y la calidad de la dirección del proletariado. Grandes donantes están entre los derrotados. Musk invirtió u$s474 millones en favor de candidatos Republicanos. Otros magnates también volcaron cifras fabulosas a la campaña del trumpismo: Richard y Elizabeth Uihlein 150 millones, Greg Brockman (cofundador de OpenAI) 50 millones, la sionista Miriam Adelson casi 68 millones, Jeff Yass 109 millones, Mark Andreessen y Ben Horowitz (de Silicon Valley) 116 millones.
El lobby pro-Israel AIPAC volcó unos u$s120.000.000 en este ciclo electoral, con un enorme gasto especialmente en Michigan, donde intentaron bloquear la candidatura al Senado de Abdul El-Sayed (apoyado por Sanders y sectores "progresistas" Demócratas). El-Sayed no se considera socialista sino capitalista, ha denunciado el genocidio en Palestina y reclamó dejar de financiarlo, así como cesar la guerra en Medio Oriente, para atender los problemas económicos internos de EEUU. AIPAC financia candidatos de ambos partidos. La cuestión de la guerra ha sido central por el impacto en el precio de los combustibles y de los alimentos; podría ser el canal de un movimiento político contra la guerra imperialista. Una encuesta en boca de urna de la NBC mostró que el 62% consideraba "una decisión equivocada" el lanzamiento de la guerra contra Irán. El 74% afirmó que había incidido en su voto. La magnitud de la derrota de Trump es una señal de la debacle irreversible de la “democracia americana”, o sea una señal de la guerra civil de clases hacia donde se dirige EEUU.
Milei debería poner sus escasas barbas en remojo.
(*) De Política Obrera
