miércoles, 24 de junio de 2026

Hace 65 años que Jack London pasó por casa

(Gracias por quedarte)

por  Lisandro Martínez*  

John Griffith (12 /1/1876 - 22/11/1916),  ganó fama como “Jack London”, novelista, periodista y activista de izquierda. London está a mi lado desde mis 13 años. Me lo presentaron mi hermana y mi mamá invitándome a leer La llamada de la selva; se recomienda su lectura a partir de los 8.  El escenario que describe es el de una distopía (o anti utopía). Una sociedad de ficción indeseable y opresiva, caracterizada por el control totalitario, la desigualdad extrema, la deshumanización y el colapso ambiental. Todo funciona en su pluma como el concepto opuesto a la utopía, la utiliza en su literatura como advertencia ante consecuencias de ideologías extremas o tecnologías derechistas como las actuales. London fue un célebre novelista y periodista de EE.UU, pionero en hacer de la ficción su sostenimiento económico. Vivió una niñez y juventud de pobreza extrema, a los 14 años abandonó la escuela y siguió una formación autodidacta apoyado por su lectura en bibliotecas. Fue marinero, buscador de oro en el Yukón, un territorio montañoso y escasamente poblado en el noroeste de Canadá, con paisajes impresionantes y glaciares. Lo inspiraron clásicos de la literatura de aventuras y supervivencia como su propia La llamada de la selva. Ese y otros textos fueron un bálsamo para varias generaciones. Nació en San Francisco (EEUU) bajo el nombre de John Griffith Chaney. Su padre fue astrólogo ambulante y abandonó el hogar, por lo que fue criado por su madre y su padrastro, John London, de allí su apellido.

 Escapó a la pobreza trabajando como pescador ilegal de ostras, marinero y cazador de focas. Durante “La fiebre del oro” en 1897 viajó a Alaska para buscar el preciado metal pero la expedición fracasó y regresó enfermo, esta experiencia le proporcionó el material para sus historias más famosas. Regresó a casa decidido a escribir. Se convirtió en uno de los primeros autores yanquis en alcanzar fama internacional gracias a su prolífica pluma. Sus

historias se destacan por enfrentar dramáticamente al ser humano y a los animales con  la naturaleza.

La llamada de la selva” (1903): Su obra maestra, narra la historia de Buck, un perro mascota y casero obligado a adaptarse a la vida salvaje en el Yukón. El lobo de mar (1904): es una intensa novela de debate psicológico que enfrenta a un intelectual con un brutal capitán de barco. Colmillo Blanco (1906): es la contraparte de La llamada de la selva, y relata el proceso de domesticación de un lobo salvaje. Martin Edén (1909), novela semi autobiográfica, describe las luchas de un joven de la clase obrera por educarse y convertirse en escritor.

 London fue un apasionado socialista, defensor de los derechos de los trabajadores. Su intensa vida terminó prematuramente a los 40 años en su rancho en Glen Ellen, California, dejando una huella imborrable en la literatura universal.   Trabajó como corresponsal periodístico para Sudáfrica y Corea. Militó inorgánicamente en el Partido Laborista Socialista de EEUU y fue defensor de causas obreras. Fue uno de los  adelantados de “el naturismo” que hoy se conoce como “defensores del medio ambiente”.  Su obra fueron novelas y relatos de aventuras, destacándose su elaborado tratamiento sobre la naturaleza y la relación del hombre con lo salvaje. Sus ficciones tienen una fuerte carga política y reivindicativa. Para conocer a este escritor hay que leer textos como Colmillo blanco, El talón de hierro, El lobo de mar o Asesinatos S.L.. Esta fue su última novela comenzada por London y terminada después de su muerte por Robert L. Fisch. Fue publicada en 1963.  Hasta los 30 años, Jack transitó su vida a los saltos. Durante esas tres décadas no escribió pero pasó a ser un gran lector, eso lo acercó a Kipling, Spencer, Darwin, Stevenson, Malthus, Marx, Poe y Nietzsche.

Un proletario escritor

 Para alguien que “nació en la clase obrera” (como él cuenta) y que adhiere a la causa socialista desde muy joven como explica en Cómo me hice socialista, escribir sobre su propia condición, los padecimientos y sueños revolucionarios de su clase, nunca le fue ajeno.  Dijo basta a los 40 años tras escribir 50 autobiografías de sus propias tareas como explotado para sobrevivir en esos frentes, donde combinó romances y la brutal explotación capitalista a la que debía someterse para sobrevivir e intervenir en esos centros de explotación del hombre por el hombre asumiendo su filosofía de naturalista con una severa crítica social contra el sistema de la explotación del capital. Pionero en entender la literatura como un negocio, se convirtió en el primer novelista estadounidense en ganar una fortuna por su trabajo, lo que le permitió comprar un inmenso rancho en California para explorar la agricultura sustentable. Paradigma de contradicciones: Fue un socialista ferviente, su obra El Talón de Hierro es considerada la primera novela distópíca del siglo XX. También escribió ensayos profundamente influenciados por el darwinismo social y las teorías de superioridad racial de su época.   Un mundo, ya para su época (fines del siglo XIX), repleto de grandes fábricas que tiraban a cielo abierto humaredas no aptas para seres vivos por sus chimeneas, instaladas en barrios obreros, miserables y amontonados donde los trabajadores sobrevivían hacinados. A esto, Jack le oponía el mundo natural, idílico. Pero donde también había que luchar a muerte por la propia vida. Bajo el contexto del naciente socialismo estadounidense, de Eugene Debbs y Daniel De León (fines del siglo XIX principios del XX), textos como La huelga general, Talón de Hierro, Gente del abismo, Los favoritos de Midas, Goliath, La fuerza de los fuertes o Estado de guerra, tienen como protagonista a trabajadores y desarrollan elementos de la lucha de clases contra las patronales. En sus relatos de la aparición de un régimen represivo, montado sobre derrotas revolucionarias, London anticipa genialmente la aparición del fascismo 20 años antes de su llegada: ¡Qué tal!

   En 1929, la revista “New Masses” escribe sobre London: “Un verdadero escritor proletario no sólo debe escribir para la clase trabajadora, sino que debe ser leído por la clase trabajadora. Un verdadero escritor proletario no sólo debe usar su vida proletaria como material para sus libros, en estos debe arder el espíritu de la rebeldía”. Jack London era un auténtico escritor proletario; el primero y, hasta ahora, único escritor proletario de genio de los EEUU. Los obreros que leen, leen a Jack London. Es el único escritor al que han leído todos, por la directa experiencia literaria que tienen en común. Los obreros de las fábricas, los peones del campo, los marinos, los mineros, los vendedores de diarios, lo leen y lo releen”. Es el escritor más popular entre la clase obrera de EE.UU. del siglo XX y XXI”.

Un pedazo de carne, de Jack London

 “Inmediatamente me puse a pensar en la mejor manera de morir en ese minuto en el que parecía todo perdido. Recordé un viejo cuento de Jack London, donde el protagonista apoyado en el tronco de un árbol se dispone a acabar con dignidad su vida, al saberse condenado a muerte, por congelación en Alaska. Es la única imagen que recuerdo” (la cita pertenece a Ernesto "Che" Guevara). Corresponde a sus memorias “Pasajes de la guerra revolucionaria, donde narra sus vivencias durante el desembarco del yate Granma en Cuba (diciembre de 1956).   “Cuando hubo recobrado el aliento y el control, se sentó y recreó en su mente la concepción de afrontar la muerte con dignidad”. Esa frase es una reflexión de Ernesto "Che" Guevara sobre el cuento Encender una lumbre (To Build a Fire) de Jack London. Julio Cortázar también reparó en este planteo del Che y lo utilizó como frase que prologa uno de sus cuentos, Reunión  del libro Todos los fuegos el fuego. Lenin era un lector de London, tenía varios de sus libros y alabó mucho la crítica que realizó el escritor al revisionismo y oportunismo del PS de EE.UU. Se cuenta que Lenin hacia el final de su vida, luego de varios ataques cerebrales que lo habían dejado sin habla, solía escuchar la lectura de su mujer Nadezhda Krupskaia. Su muerte el 21/1/1924, había ocurrido dos días después de escuchar Amor a la vida, cuento de London que era uno de sus favoritos.  León Trotsky también reparó en su literatura. En 1937 escribe una carta dirigida a su hija Joan donde le comenta el magnífico El Talón de Hierro: “Hay que destacar muy particularmente el papel que Jack London atribuye en la evolución de la humanidad, a la burocracia y la aristocracia obrera”.  En este libro Jack señala que la plutocracia americana logrará aplastar el levantamiento de los obreros y mantener su dictadura de hierro en los tres siglos venideros. No vamos a discutir con el poeta sobre un plazo que no puede dejar de parecernos extraordinariamente largo. Aquí lo importante no es ese pesimismo sino su tendencia apasionada a abrirle los ojos a quienes se dejan adormecer por la rutina, hay que obligarlos a abrir los ojos, a ver lo que es y lo que está en juego.  No es difícil imaginar la incredulidad condescendiente con el que el democratismo socialista oficial de entonces acogió las previsiones terribles de London. Si examinamos las críticas de El Talón de Hierro, publicadas en la prensa alemana y austriaca, no es difícil entender que London veía mucho más lejos que todos los socialdemócratas reunidos de aquella época. Jack London resiste la comparación con reformistas y centristas. En 1907, se contaban con pocos dedos “los progres” que denunciaban la perspectiva funesta de la unión entre el capital financiero y la burocracia sindical. Esto bastó para definir el valor específico de la novela, El Talón de Hierro.

(*) De Política Obrera