por Salvador Baratta*
¿Es tan fácil secuestrar y matar a una menor? Y
sí, lamentablemente la respuesta es sí. Porque viendo la falta de profesionalidad
de quienes nos deben cuidar, el destino y la suerte están sellados. Cuando uno
recibe la denuncia de la desaparición de una menor, debe realizar dos
preguntas: ¿Es la primera vez que desaparece? ¿Quiénes son su entorno, sus
amigos, alguno de sus allegados tiene antecedentes sexuales? Si la madre
hubiera dicho que su novio tenía estas características, la policía que recibe
la denuncia en el acto debe poner en vigilancia la zona donde vive esta persona
y comunicarle al fiscal que se debe allanar en forma inmediata, una vez que se
certifican los antecedentes. Si el fiscal dice que esto no alcanza, como policía
igual mantengo esa vigilancia. Si así se hubiera hecho se lo habría capturado a Barrelier cuando cargaba el cuerpo de la nena en el coche. Lamentablemente un fiscal dejó
en libertad a esta rata el año pasado, y fue ascendido a procurador. Y el
fiscal que lleva hoy la investigación de Agostina seguramente seguirá su
carrera sin problema. Párrafo aparte relación permanente de barras bravas con
políticos, pagos de favores y libertades inexplicables. Por eso Agostina es el
resultado de un combo explosivo: familia que la descuida, policías que no saben
cómo actuar, fiscales que ocupan cargos para los que no están a la altura, y
ratas inmundas que se mezclan con la política. Mientras esto siga así, no
esperemos resultados diferentes.
(*)
Comisario general RA
